Es curioso pensar que
un mito tan fuerte como el de Carlos Gardel ocurrió
en el siglo veinte. Todavía quedan amigos que lo frecuentaron
y testigos de su vida artística. Todavía en
Buenos Aires se puede señalar la casa donde vivió
y los teatros donde cantó. Sin embargo parecería
que Gardel es tan eterno y viene desde tan lejos, que no se
concibe la historia de Buenos Aires sin él.
Será por ese mito que construyó
su voz y su talento que aún seguimos investigando su
historia, con dudas sobre el nacimiento y con anécdotas
que se renuevan con el paso del tiempo. Lo indudable es su
prodigiosa voz, sus creaciones y sus discos que no envejecen.
Lo indudable es el Gardel artista, el hombre que con un frac
y una galera conquisto al mundo cantando
“Mi Buenos Aires Querido”. La
nacionalidad e incluso la fecha de nacimiento es todavia una
discución abierta entre los historiadores e investigadores
que se debaten entre dos fechas, el 11 de diciembre de 1887
en la ciudad de Tacuarembó, República Oriental
del Uruguay o el 11 de diciembre de 1890, en la ciudad de
Toulouse, Francia. Lo cierto
es que los ojos de este pequeño llamado Carlos Romualdo
Gardés, vieron una ciudad de Buenos Aires a fines del
siglo diecinueve, con su crecimiento de Capital, con sus cambios
edilicios y con la aparición de una música porteña,
genuina, el Tango. Desde pequeño le gusto cantar, en
un reportaje declaró que su meta era la de cantar la
música popular. Cuando se inició como cantor,
sus modelos fueron los payadores, con sus estilos, cifras,
canciones. Seguramente Gabino Ezeiza, José Bettinoti,
Arturo de Nava, fueron los que iniciaron a Gardel en el camino
“criollo”, demostrado en sus grabaciones del año
1912, en el sello Columbia y con sus formaciones en dúo
con Francisco Martino, Saúl Salinas y José Razzano.
Con Razzano, llegó a la grabación en discos
ya que comenzaron a grabar en 1917 hasta 1925. Precisamente
en el año 1917, se produce un hecho de singular importancia
en la historia de nuestra música popular, el poeta
Pascual Contursi con música de Samuel Castriota componen
el “primer tango canción” titulado MI NOCHE
TRISTE. Esta obra es grabada algunos meses después
por Carlos Gardel en el Sello Odeón convirtiéndose
en el primer cantor nacional que interpretó el “Tango
canción”. Este hecho es de vital importancia
para la historia del canto y del tango, porque marca la línea
de separación entre la época de los grandes
payadores y sus cantares con la aparición del cantor
nacional, aquel que interpreta tangos y repertorio criollo.
Gardel fue el inventor de una manera de cantar el Tango, no
tenía modelo para hacerlo, fue el creador de un camino
que a partir de los años veinte tomaron los cantores.
A partir de la grabación
de sus primeros tangos (FLOR DE FANGO, MILONGUITA, EL RAMITO),
la importancia del cantor se acrecentó. En su repertorio
no faltaron las canciones criollas, zambas, estilos, valses,
pasodobles, fox tros y schimmys, que fueron acompañados
primero por el guitarrista José Ricardo “el negro”,
y luego por uno de sus trío de guitarra mas conocidos
Barbieri, Riverol y Aguilar. También grabó obras
con la orquesta de Osvaldo Fresedo, Fancisco Canaro, Gregor,
Terig Tucci y con piano y violín a cargo de Rodolfo
Biaggi y Antonio Rodio, entre otros. El
1 de octubre del año 1924 Gardel debuta en la radio
con su compañero de dúo José Razzano
en la emisora LOW Radio Grand Spléndid. Durante la
década del veinte, actuó en otras estaciones,
Radio Brusa, Prieto, Argentina o Fénix. En el año
1926 compró en cuotas la casa ubicada en la calle Jean
Jaurés 735, en la cual vivió desde entonces
con su madre, doña Berta Gardes. Ya era conocido como
“El morocho del Abasto”, mote que le había
quedado de sus andanzas de chico cerca del célebre
Mercado de Abasto y que se completó cuando inició
dúo con José Razzano a quien llamaban “el
oriental”. Durante los
años veinte Carlos Gardel viaja a Europa, visita París
y España, donde graba discos para la empresa Odeón,
en la capital francesa y en Barcelona. LA
DECADA DEL TREINTA : EL CINE Y LA FAMA Si
bien Gardel había tenido un contacto con el cine a
al protagonizar el film mudo “Flor de Durazno”
en el año 1917, su actividad como actor recién
cobra auge en los años treinta. Entre
los meses de octubre y noviembre del año 1930, su amigo
el director de cine Eduardo Morera le propone realizar los
ensayos de unos cortometrajes sonoros. Luego de muchos ensayos
nacieron los llamados “encuadres de canciones”.
Nacieron más de diez cortometrajes que permiten verlo
y escucharlo cantar : VIEJO SMOCKING, ROSA DE OTOÑO,
MANO A MANO, YIRA YIRA, TENGO MIEDO, PADRINO PELAO, AÑORANZAS,
CANCHERO, EL CARRETERO y ENFUNDA LA MANDOLINA, entre otros
y en los cuales dialoga con Francisco Canaro, Arturo de Nava,
Enrique Santós Discépolo y Celedonio Flores.
En mayo de 1931 filmó
su primer largometraje en Joinville (Francia), titulado “Luces
de Buenos Aires” a este le seguirán “Esperame”
(1933) , “La casa es seria” (1933) y “Melodía
de Arrabal”(1933), luego seguirán sus películas
en Nueva York, “Cuesta Abajo” (1934), “El
Tango en Broadway” (1935), “Cazadores de estrellas”
(1934), “El día que me quieras” (1935)
y “Tango Bar” (1935). Sus acompañantes
fueron, entre otras, Imperio Argentina, Rosita Moreno, Mona
Maris y Trini Ramos. De esta
época surge su amistad con el autor de los argumentos
y colaborador en las letras de sus canciones, el poeta Alfredo
Le Pera. Junto a Le Pera, Gardel
compone una serie de canciones, tangos y otros géneros
que lo acompañaron por el mundo, cabe mencionar “Melodía
de arrabal”, “Silencio”, “Amores de
estudiante”, “Cuesta abajo”, “MI Buenos
Aires querido”, “Golondrinas”, “Soledad”,
“Caminito soleado”, “Sol Tropical”,
“Sus ojos se cerraron”, “Guitarra mía”,
“Por una cabeza”, “Arrabal amargo”
y “Volver”, entre otros. A
la fama del Gardel cinematográfico hay que sumarle
el cantor criollo de tangos, creador de un estilo en el cual
se vieron reflejados sus contemporáneos y que posibilitó
una escuela de canto para el futuro. Un
24 de junio de 1935, en un fatal accidente en Medellín,
Colombia, murió el cantor y nació el mito. Un
mito creado desde la admiración, desde el deslumbramiento
de una voz y una sonrisa que todo lo puede. Mas allá
de un nombre, la palabra “Gardel” es un adjetivo,
“Sos Gardel”, “Andá a cantarle a
Gardel”, “Me siento Gardel”. Su sonido nos
remite al ser mismo de los argentinos, un semajante que nunca
nos defrauda, que siempre sonríe desde el bonce y que
cada día ¡canta mejor¡. GABRIEL
SORIA
Académico Titular de la Academia Nacional del Tango.